domingo, 25 de octubre de 2009

50 AÑOS DE EUROVISION


Con este título anunciaba TVE su espacio semanal que va tras la serie "Cuéntame", donde cada semana está dedicado a un tema diferente, siempre con imágenes de archivo de la televisión pública. Prometía ser (esto es lo que pensábamos los numerosos aficionados al Festival) un resumen exhaustivo de, al menos, la partipación española, dado ese banco inconmensurable de imágenes de nuestra vida televisiva... Pero ¡quiá!, el señor Albert Solé, premiadísimo con el Goya al mejor documental, y que se confesaba aficionado a Eurovisión, pecó como todos de tópico y típico: sembró de dudas el triunfo de Massiel con su La, la, la y politizó una y mil veces el entorno eurovisivo.
El documental, más propio de evolución social en un contexto hispano-europeo, justificó su emisión bajo el epígrafe eurovisivo, aderezándolo tan solo con pinceladas, a ser posible "frikis" y a apuntalar a Uribarri como el experto en socio politica por excelencia (fallos garrafales incluídos).
No, no fue el reportaje de un aficionado al Festival, sino a un narrador nacionalista que trasplantaba la voz de Serrat a Massiel y viceversa, que trabucaba fechas y datos, que apuntaba un desinterés de la propia TVE que se ha visto traducido en ese espacio de media hora que había ilusionado en su promoción, y que, evidentemente, no se convirtió en realidad.
Pese a ello un 16 por ciento de audiencia o "share", lo que demuestra ese interés inusitado por un "certamen fenecido" (como se denomina en medios progres) y ese autocomplaciente masoquismo de quiénes saben (más que nadie) de "contubernios" y asociaciones balcánicas o bálticas. En fin...

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